sábado, 17 de noviembre de 2007

Una decisión.

Foto: Imagenes de Google.
Hace ya una semana decidí hacer para la prueba final de la escuela un Magret de pato con salsa de higos y una tuille de batatas, señores la cosa fue un desastre!!!!!!. Lo único que realmente quedo bien fue el Magret, porque en realidad es muy sencillo eso de cortar la grasa del pato de manera diagonal y sin tocar la piel para que ceda la grasa y quede muy dorada, lo que definitivamente es una de las cosas que mas llama la atención del plato, pero la salsa jajajajajaja; NADA QUE VER. La salsa de higo tiene como uno de los ingredientes una taza de vino tinto, y en mi casa justo en ese momento tenia que faltar, lo que me hizo recurrir al vino de mora que mi papa había traído de Mérida. Al principio dije que seguramente quedaría bien, porque sabia del pato en salsa de moras, frutos silvestres etc., etc., etc.…

NUNCA LO INTENTEN!!!!!! . No me di cuenta que el vino de mora por ser artesanal posee un gran grado de alcohol y trae consigo un sabor muy avinagrado que no se quita nunca. Se podrán imaginar cuanto tiempo deje reduciendo esa salsa solo por pensar que el alcohol no terminaba de evaporarse.
Por otro lado la tuille de batata no es que sepa mal, pero me supo a hostia eucarística, lo único que ofrecía al plato era lo crujiente, ni siquiera color, porque queda muy blanco.

Así que bueno, el martes volví a cambiar de opinión y como ese día aprendimos a hacer pasta, dije: ¡Eso es lo que voy a hacer! pero tampoco porque los chicos de 2do nivel me hicieron dudar y me dijeron que no me enrollara, por lo tanto lo que voy a hacer se llama así: MAGRET DE PATO CON CHUTNEY DE CEBOLLA Y ARROZ DE FRUTOS SECOS.

Si realmente quieres deshuesarlo, esta difícil conseguir uno; búscalo en el Automercado La Muralla (ubicado en plena entrada al Hatillo) o en Oceanía La Trinidad o Las Mercedes (que son las que yo conozco) y si por lo contrario te da flojera, en Oceanía consigues solo los magrets al vacío, lo que pasa que es yo tengo que comprarlo a juro completo por que en la evaluación las técnicas aprendidas tienen puntaje. Ahora, el hecho de fusionarlo con el chutney es porque lo agridulce siempre queda bien con cualquier cosa y ¿Por qué no con el pato? Además investigué un poco y vi unos patos en salsa de mangos y con otros frutos que dan fe de lo que digo.

Esta vez lo crujiente lo otorga los frutos secos, como: El merey, el pistacho y la almendra; pensé en colocarle un poco de piñones pero de verdad me pareció una exageración el precio en que lo conseguí.

Vamos a ver como queda y como salgo el Martes!!!! Prometo que si la receta queda buena la publico en el blog para que ustedes la hagan en sus casas y realmente se luzcan con sus invitados.

jueves, 8 de noviembre de 2007

Mis MAESTROS!!!!

Bueno como ya todos saben estudio cocina en el Instituto Culinario de Caracas, sede que esta dirijida por dos grandes maestros de la cocina venezolana como lo son : Héctor Romero y Sumito Estevez; sí jajajajaja , Sumito Estévez el de Gourmet Channel, el del comercial de Splenda, Maizina America etc etc etc, pero aparte de toda su fama, un chef de altura. Héctor Romero de los dos viene siendo el más serio ,un " as" con las manos y el que personalmente creo el más introvertido de los dos!!!!, como dice el chef Sumo de manera graciosa: "Menos mal que tu eres el estricto y yo el simpático". Alrededor de ellos se encuentran las patas que sostienen esa mesa; Liselotte, Ma Elisa y Juan Carlos que nos enseñan en la práctica y Merlín, Gabriel, Carla y Carmen Rosalia que son los que me enseñan la NO TAN QUERIDA, PERO REQUERIDA TEORIA!!!!


A ellos les debo mis nuevos conocimientos en esta area.... Y LO QUE FALTA.

Gracias a todos ...

domingo, 4 de noviembre de 2007

El comienzo.



Foto: De izquierda a derecha; la segunda soy yo!!!!


Una idea truncada hace ya 4 años cuando mi padre me pregunta: - hija ¿Qué quieres estudiar? Mis opciones fueron muchas; tenía pensado estudiar idiomas modernos, Comunicación Social, psicología, educación preescolar y gastronomía, que era en la que realmente de niña siempre me he destacado. Ésta ultima no le agrado nada a mi papá; decía que no iba a llegar a ser nadie, que lo mejor era una licenciatura en una de las otras carreras, por ello ahora estudio Comunicación Social en la USM.

Algo irónico es que 5 años después mi papá me esté pagando el curso de formación de cocineros sin pero alguno, jajajajajaja ahorita está feliz, no hace sino hablar con sus amigos de todo lo que he aprendido y cocinado en estos últimos meses.

La cocina a mi en lo personal me trae toda la felicidad del mundo, porque por fin estoy haciendo lo que realmente me gusta, a lo que me quiero dedicar el resto de mi vida, pero llegó un momento donde si me afectó. Allí es donde uno se queda pensado y se pregunta ¿Cómo algo que haz querido hacer desde que tienes uso de razón te puede perjudicar? El porqué me hice esa pregunta está en porque en algún momento pasé a ser en vez de una amante de la cocina, una adicta. Si, una adicta que comía ya no se cuantas veces, ya no se en que cantidades tanto así, hasta llegar a pesar 145 kilos. ¿La solución? Una operación quirúrgica llamada By pass Gástrico que me tomó un año hacérmela por el mismo miedo a enfrentarme al riesgo de la anestesia y al dolor de lo que los médicos llaman “INCISIÓN”, que no es más (hablando en criollo) que una raja que te abren en la barriga donde proceden a reducir tu estomago. Un año después y gracias a esa operación he perdido 60 kilos de los 80 de sobrepeso que tenia y justo en ese momento dije: Ahora si puedo hacerlo, ya no hay nada que me obstruya el camino que siempre quise elegir eso si, no puedo dejar la otra carrera al menos solo lo quiero por el título, igual solo quedan 3 semestres donde logro complacer a mis padres como profesional del periodismo y ya luego empiezo a realizar mis sueños.

Aquí me presento en el blog como Adriana Carolina Petit Toro, estudiante de Comunicación Social de la Universidad Santa Maria y paralelo a esto y con todo el orgullo con el que se puede decir lo siguiente: estudiante de Gastronomía en el Instituto Culinario de Caracas (ICC).